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L.A.B.E.R.I.N.T.O.Extravíos en la Casa de Dédalo
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June 30 La risa de las sirenasEl personaje más divino de Homero es Ulises, que se ríe de los hombres,
los semidioses y los dioses, además de reírse ampliamente de sí mismo. Sólo con las sirenas se puso serio y pidió que lo atasen al mástil. Muy prudente por su parte. Las sirenas no cantaban, las sirenas reían, y Ulises pensaba que algunas risas era mejor no oírlas. ************************************************************************************************************************ Nota: Estas palabras no son de El Errante (¡ya las quisiera para sí!). Han sido robadas -últimamente me hallo bastante ladrón, me reconozco culpable- a Jesús Ferrero, arrancadas de una de las entradas de su blog (mis disculpas por el hurto: pero no se me podrá acusar de plagio, pues he mencionado la fuente. Sirva esto como agradecimiento por sus palabras.) June 27 L.U.N.A.-- Y la Luna, ¿dónde está? -- Donde nuestros ojos no puedan mirarla. -- ¿Y eso por qué? ¿Es que tiene pudor? -- Quizás, aunque no creo que se trate de eso... Le divierte esconderse, seducirte para un instante más tarde desvanecerse como un sueño que no llega a cumplirse... Es... es así... -- Pues no lo acepto. Para nada. Algún día viajaré hacia ella. Y la conquistaré. -- ¿Y cómo harás eso, pequeño gorrión? Ella siempre será... inalcanzable. No olvides esto: existen distancias que no se pueden atravesar. -- Yo lo haré. Yo las traspasaré. "No ha nacido, (ni nacerá, si yo puedo evitarlo) quien me convenza de que la Luna es inalcanzable.*" Apuraron sus copas bajo el cielo tímidamente estrellado. Exhalaron un suspiro simultáneamente, como si fuera compartido. Se miraron, sonrieron con complicidad y continuaron su camino en la noche. La Luna seguía espiándoles desde detrás de una nube errante. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- * Némesis dixit (perdona que me haya apropiado de tus palabras sin pedir tu permiso). June 14 Dédalo- Pero... pero, ¿cómo puedes decir eso? ¿Cómo te atreves a decir eso? ¡Qué arrogante eres, Errante! Arrogante, hereje, idiota e ignorante. ¿Quién puede proclamarse Dédalo? ¡Tú, desde luego, no lo eres! ¡Nadie puede serlo! ¡Nadie, ¿me oyes?! - ¿Por qué no puede serlo alguien, mi querido Teseo? ¿Por qué no puede serlo nadie? Mira en mis ojos, mira mis manos y la magia secreta (y torpe, no te lo negaré) que desarrollan mis dedos. Estoy construyendo los muros fantasmales de un silencioso laberinto. Lo estoy poblando de miedos, de esperanzas, de monstruos y quimeras, de ángeles cuyos rostros permanecen indescifrables incluso para mí. Sí, pequeño Teseo, también estoy diseñando un Minotauro propio... - ¡Calla, por Hades, calla! ¿Qué sabrás tú de dédalos, teseos, ariadnas y minotauros? - Tal vez tengas razón, tal vez. Qué sabré yo... Sigue bebiendo tu copa de veneno, sigue ahogando tu existencia, sigue olvidando... olvida, Teseo... June 08 Los nostálgicosEn Los Prometeos, la música se funde con los suspiros y las conversaciones interrumpidas, tintinean las copas como si se hubiese colado un viento desorientado en ellas, los perfumes de la desolación y la ternura se deslizan como serpientes de humo por todas las pieles. B. está ya demasiado borracho, y demasiado borracho significa que abrirá su personal caja de pandora, que fluirán los recuerdos y los sentimientos que durante las horas diurnas quiere negar. Dentro de unos instantes, cuando los demonios del veneno le posean por completo, será insoportable. Se le desatará la lengua, resucitará mis dolores de cabeza, removerá mi corazón de piedra. Me atormentará. - Se fue, ella se fue. Y, desde ese instante, supe cuál era el verdadero significado de la soledad. Se llevó todo con ella, y todo es... todo, ¿no lo ves? La alegría, la esperanza, la tristeza, la amargura, la vida, la sonrisa, las lágrimas. Sólo me dejó solo. Vacío. La perdí, y me perdí - dice combinando susurros, tartamudeos, balbuceos, ahogos. Su mirada perdida, fragmentada, deambulando en espiral, desvaneciéndose el color de sus ojos. Me has hablado de ella una y otra y una vez más, y no se te cansa la lengua cada instante que la nombras, que vuelve a tu boca, que la liberas de tu memoria tortuosa y simple. Te contemplo, B., y sé que asisto al invierno de tu alma, que atrás, muy atrás, quedaron tus veranos. Te escucho desde mi silencio, te respondo con mi silencio; a menudo el silencio es incómodo, por fortuna no lo es siempre, ésa es una de mis verdades, B. Y ésta es otra: tu nostalgia no es la mía. - Pero, dime, háblame de ti, cuéntame - dice B., que me mira a través de su niebla.- Di algo, Z., por favor... B., sería poco arrancarte la lengua para que callaras, te las ingeniarías para seguir hablando. Déjame a solas con mi silencio. - Yo... yo estoy donde nunca debería estar - ésa es mi respuesta. Después, cierro los ojos, no quiero ver más tu cara desencajada, al menos, por esta noche. Reclamo la distancia, ésa es mi nostalgia. Y no es la tuya.
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